Oct 06 2008

“Tú no eres interesante para mí”

Category: bibliotecas, blogs y bloggers, cuentos chinos, librosmorenita @ 10:54 pm

Llamadme fetichista, pero esto todavía son extractos de El mundo, de Juanjo Millás. De la tercera parte, “Tú no eres interesante para mí”:

Conocía perfectamente sus horarios, sus hábitos, sus rutinas, de modo que un día, haciéndome el encontradizo, la abordé cuando salía del colegio. Puesto que los dos nos dirigíamos a casa, fingí que me parecía normal acompañarla, así que me coloqué a su lado intentando ajustar mis pasos a su ritmo y empecé a hablar de cualquier cosa. Como ella, más que andar, se deslizaba, mi trote, a su lado, resultaba algo grotesco. Yo era consciente de esto, también de que mis zapatos estaban torcidos, que mis calcetines no se sostenían sobre las piernas, que mis pantalones cortos eran demasiado largos (…) En un par de ocasiones, dada nuestra proximidad (la acera era muy estrecha), el envés de mi mano derecha rozó el de su mano izquierda, de la que sostenía la cartera, provocando en mis extremidades una serie de desórdenes motores que intenté ocultar con palabras atropelladas sobre esto o aquello. Poco antes de alcanzar nuestra calle. María José se detuvo y sacó de la cartera un lápiz y un pedazo de papel en el que escribió con la mano izquiera (¡con la mano izquierda!): “No puedo hablar, estoy de ejercicios espirituales.”

(…)

Al día siguiente volví a hacerme el encontradizo con María José y le pasé una nota en la que le preguntaba cuándo terminaría los ejercicios espirituales. Ella dejó la cartera en el suelo, entre las piernas, y sacó del bolsillo de la falda una pluma estilográfica con la que escribió “Mañana” en la palma de su mano derecha. Hice un gesto de asentimiento y la acompañé de nuevo hasta su casa en silencio absoluto, maravillado en esta ocasión por la pluma estilográfica. (…) Si algo faltaba para que me enamorara perdidamente de aquella chica, aquí estaba este dato económico que añadía un ingrediente de lucha de clases a una historia de amor.

(…)

El trato con María José provocaba una acumulación continuada de excitación sin descarga, de ardor sin bálsamo, de exaltación sin caída. Me acostumbré a encontrarme con ella por las tardes, pues salía del colegio media hora después que yo. Supe, desde la tercera tarde, que estaba haciendo las cosas mal, pues si bien ella se dejaba querer (es un modo de decir que no me rechazaba abiertamente), tampoco aportaba nada a la relación. Un sexto sentido me decía que debía espaciar mis encuentros, disimular mi pasión, añadir a mi trato con ella una porción de indiferencia. Pero un instinto de destrucción más poderoso que el sexto sentido me impulsaba a perseverar en el error. (…)

Hasta aquí puedo leer. Luego vienen las páginas 171 y 172 y pasan cosas que me encantaría transcribir.

Por lo que a este ejemplar se refiere, Palimp se ha llevado el gato al agua –güeno, pura verdad es que Palimp estaba en el agua y yo llevé al gato y le pregunté ‘¿te lo tiro ahí?’. Fue un acto pelín cobarde porque sabía que Palimp no me lo iba a rechazar, pelín comprensivo con un posible lector ocupado con sus ejercicios espirituales, estos días. Fetichista u onírica como los acusicas que se llenan la boca con estas palabras, no, pero manipuladora de mis historias, pues igual que el común –menos la señorita Mina, que es una santa que me contrata para que le saque las castañas del fuego, que ella se quema.

Soy una mujer. Soy una lianta, no soy de fiar. Ni siquiera soy interesante para muchos, seguramente porque yo misma conozco a personas más que interesantes, que directamente reflejo si no me eclipsan (es esta la función del satélite, en la versión de mi ama?). Si tenéis curiosidad, seguid a Palimp, un amigo que organiza las kdds Bitácoras y libros en Barcelona para quien quiera asistir. Atentos al logo, enlazado al aviso de la última:

Bitácoras y libros en Barcelona : logo

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Para el resto de los mortales, El mundo está en casi todas las bibliotecas públicas. Y de saldo. Y por el precio de dos entradas al cine. Pero no en Ca n’Altimira, Cerdanyola, donde parece que lo tenían que devolver en julio y todavía se le espera. Lectores del mundo: más vale tarde que nunca, también en el mostrador de vuestra biblioteca pública!

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Oct 04 2008

El mundo / Juan José Millás. — Planeta, 2007

Category: cuentos chinos, libros, no hacer[se] pupamorenita @ 5:40 pm

(…)

–Algunos días –continuó hablando– he pensado que si alguien me acompañara en el momento de arrojar las cenizas al mar, podría hacerlo. Pero no sé a quién pedírselo.

Comprendí adónde quería llegar y me disculpé asegurándole que tenía prisa. Después le tendí la mano, que apretó sin convicción, le deseé suerte y emprendí la retirada todavía con las bolsas de El Corte Inglés mojadas en las manos. Apenas había caminado unos pasos, cuando escuché su voz a mis espaldas. Me volví y dijo:

–Millás, écheme una mano.

Curiosamente, aunque Millás es también mi apellido, yo sólo escuché el de mi padre. Me vinieron a la memoria, de súbito, sus tarjetas de visita, los sobres que utilizaba para enviar sus facturas, el sello de caucho que estampaba junto a su firma… Millás. Fingiendo que yo también era Millás (pues en aquel instante el apellido se había desprendido de mí), lo acompañé hasta la orilla y le dije que debía destapar la urna con sus propias manos, él solo, que yo no podía ni debía ayudarle en eso. Le expliqué que al extraer la bolsa quizá se rasgara y parte de las cenizas escaparan a su control. Le señalé que no debía dejar los restos de su hija en la orilla, confiando en la violencia de las olas, porque las olas eran pacíficas. Le dije que si quería de verdad abandonarlas en el mar, tendría que avanzar un poco hacia el interior, tendría que mojarse. Tendría que mojarse. Me hizo gracia que una expresión utilizada por lo general en sentido figurado, para indicar que a veces en la vida es preciso correr riesgos, tuviera en aquellos instantes un valor literal.

El hombre seguía mis instrucciones dócilmente, como el neófito observa las advertencias del maestro. Quizá sólo necesitaba un narrador, una voz que al describir sus movimientos le empujara a ejecutarlos.

–¿Y ahora qué hago con la urna? –preguntó absurdamente.

–Abandónela en la taquilla de la ropa y cambie de gimnasio –dije.

El hombre rió con franqueza. (…)

p. 281-281 (las penúltimas) de una edición especial que Planeta distribuyó a instituciones. De tapa dura y letras grandes, muy manejable (18 cm de alto) pero de papel demasiado fino, y demasiado dorado esparcido por ahí.

Voy a leer más Millás, todo lo que me indique dónde ver metamorfosis y mimetizaciones. Sólo tres días me ha durado y –aunque tengo un lector concreto en mente, si no lo ha leído y quiere– regalo el ejemplar a quien me lo pida.

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