Dec 12 2008

Transmission / Joy Division. — 1979, november

Entre la rotonda i el pont de lautopista. -- Bellaterra-Cerdanyola, 2008, 11 de desembre

Entre la rotonda i el pont de l'autopista

Desde que Mina se emperró en comentar cada grumo que encontraba en su colacao, que ahí por donde me paseo ocurre una poética. En el dashboard del blog ya constan enlaces entrantes con otras tantas, cuando no las ven otras miradas. Las poéticas estan empezando a tomar el mando de nuestro camarote. Ejecuto un random y va y me sale

if you must write prose/poems
the words you use should be your own
dont plagiarise or take “on loans”
there’s always someone, somewhere
with a big nose, who knows
and who trips you up and laugh

Enciendo la tele por primera vez en meses, por el morbo de ver qué gag echan los de Polònia a propósito del mori el borbó, y me encuentro con Monzó y Gimferrer departiendo poética. Pronto pisaré algún charco de saturación, y no tendré otro remedio que dejar a Mina unos días en la estacada si no quiero que tal plaga bíblica me eche de mis casillas.

Las poéticas han ocurrido hasta en su rhythmbox. Estaba escuchando en la red lo nuevo de Dido –efectivamente muy entregado a la muerte de su padre–, me he acordado de sus colaboraciones en cada álbum de Faithless, la que hizo con Eminem, he encontrado covers de Radiohead. Al final con Joy Division me he quedado, colgada en el enésimo mareo al mismo tema, que encima se ve que consta en un canon crítico de The Greatest Indie Anthems Ever :-(


Transmission [single] / Joy Division. — 1979, november

Radio, live transmission.
Radio, live transmission.

Listen to the silence, let it ring on.
Eyes, dark grey lenses frightened of the sun.
We would have a fine time living in the night,
Left to blind destruction,
Waiting for our sight.

And we would go on as though nothing was wrong.
And hide from these days we remained all alone.
Staying in the same place, just staying out the time.
Touching from a distance,
Further all the time.

Dance, dance, dance, dance, dance, to the radio.
Dance, dance, dance, dance, dance, to the radio.
Dance, dance, dance, dance, dance, to the radio.
Dance, dance, dance, dance, dance, to the radio.

Well I could call out when the going gets tough.
The things that weve learnt are no longer enough.
No language, just sound, thats all we need know, to synchronise
Love to the beat of the show.

And we could dance.

Dance, dance, dance, dance, dance, to the radio.
Dance, dance, dance, dance, dance, to the radio.
Dance, dance, dance, dance, dance, to the radio.
Dance, dance, dance, dance, dance, to the radio.

Beyond this lines, vivan los novios! (no es van tirar enrere)

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Aug 30 2008

Safe trip home : un sueño previo a la próxima mudanza

Érase una vez, hace muuuuchos muchos años, tuve un sueño. Debe ser un sueño recurrente porque lo recordé hace un mes y me dio por ajustar cuentas un ratito.

Lo podéis dotar de esta banda sonora, en el orden y con el relleno que os dé la gana:

Empiezo.

Una vez, esa del érase, una camarera y su compañero de trabajo conocieron a un excelente quiromasajista, muy famoso en km. a la redonda, de nombre Supuesto. Supuesto empezó a visitar a los camareros con relativa frecuencia. Se reían, charlaban, salían juntos algún día y el mismo Supuesto, un buenazo en quien se podía confiar, también cantaba, y muy bien, y sobre todo canciones de Antonio Molina, para más señas.

Un día Supuesto vino acompañado de algunos hermanos suyos. Uno de ellos tenía cara de angelico, con sus rizos cobrizos y sus ojos azul turquesa, y era capataz de una mina de verdad. De hulla, para más señas. La camarera y el minero se miraron y sonrieron largo rato y aquel día no pasó nada más salvo las películas que el uno y el otro pudieran haberse montado en sus respectivas cabecitas locas.

Supuesto volvió al bar con su hermano al día siguiente, de modo que la camarera y el minero ya tuvieron ocasión de charlar un rato. En verdad el minero se dedicó a tirarle los trastos uno tras otro, aliñados con decenas de “cari” y “prenda”. La camarera era relativamente joven, y relativamente nueva en la ciudad, y tomó aquel tipo de estrategia de aproximación por costumbre local, y ya se sabe que donde fueres haz lo que vieres.

Estábamos en vigilia de las fiestas del Pilar. Los dos hermanos invitaron a camarera y camarero a venirse con ellos a la ciudad cercana donde se celebraban. Después de cerrar el local, montaron en el coche de Supuesto y partieron para la ciudad vecina, con el camarero de copiloto mientras el minero y la camarera empezaban a tocarse en el asiento trasero.

En esta ciudad vecina vivían Supuesto y su hermano, el minero. Aunque a la camarera le habría gustado vivir algo más el ambiente de las peñas y los cánticos, el minero, que en el rato que pasearon degustó el ambiente alcohólico, decidió abreviar. La camarera secundó la moción desde la nube de arrobo que compartían. Elipse.

A la mañana siguiente, fiesta en la ciudad, la camarera debía deshacer los km. entre aquella cama y su lugar de trabajo. Despertó suavemente al minero, que roncaba a placer, y le contó el caso mientras se vestía. Le preguntó: está cerca la estación de autobuses, cari? El minero se levantó, fue a por un vaso de agua, cogió su cartera del bolsillo del pantalón y le acercó un fajo de billetes mientras le contestaba que no sabía indicarle bien. La camarera le devolvió el fajo con semblante serio. El minero la acompañó a la puerta, con el fajo en la mano, se lo metió en el bolso, le dijo que le dolía la cabeza, que ya se verían, y cerró.

Una vez en la calle desierta la camarera se orientó lo suficiente para llegar cerca del río. En el bar donde bebió un café con leche con todo el azúcar disponible preguntó por la estación. Al llegar a la estación encontró su correspondiente parada de taxis; preguntó a quien le tocaba cuanto costaba llegar a su ciudad y comprobó que le alcanzaba.

Se montó en el taxi intentando no delatar las medias rotas. El taxista resultó ser un risueño inmigrante portugués que conducía con mucha prudencia un auto más bien destartalado. Estuvieron charlando animadamente todo el viaje, el taxista confesó tener algún problema físico de corazón, y la camarera confesó su hastío de ser joven. Se despidieron con un sincero ojalá nos volvamos a ver. Ella quiso pagarle –de hecho pagó– con el fajo íntegro de billetes, descontado el café con leche que se había tomado, y los tres pares de medias y el frasco de jabón de farmacia que estaba a punto de comprar.

Todavía tuvo tiempo de ducharse a conciencia antes de entrar a trabajar.

Yo todavía tengo tiempo de escribir que la tolerancia hacia la prostitución marca mecanismos de conducta que sufrimos (y a veces ejecutamos) todos. Todos, en género neutro.

Como Morenita que soy, me encanta reconocer aquel taxista portugués en personas que conozco. Supuesto se podría haber llamado Miquel Àngel, podría estar como una rosa y dedicarse todavía al quiromasaje y a la copla. Mina todavía se estira las articulaciones con las series de tactos estructurados que podría haberle enseñado, y ojalá la chiripa les arrejuntara en alguna esquina y tuvieran tiempo de contarse el rato que han pasado separados.

Post dedicado a mis comandantes (en género neutro), todos ellos taxistas portugueses que reciben propina en forma de cuentos chinos: éste no os lo conté en la última cena :-D

Igualmente recordad que Creative Commons License está vigente, y que ya está solicitado un contrato de gestión en ColorIuris.

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