Sep 04 2008
The golden notebook / Doris Lessing. — 1962 (y mi cacao mental con Feynman)
(pido permiso a Illyria y a toda la obra aprovechable de Richard P. Feynman)
De acuerdo al profesor Steven Frautschi, un colega, Feynman fue la única persona en la región de Altadena que contrató un seguro contra las riadas después del fuego masivo de 1978, prediciendo correctamente que la destrucción causada por el fuego ocasionaría la erosión del paisaje, causando corrimientos e inundaciones. La riada ocurrió en 1979, después de las lluvias del invierno, y destruyó muchas casas en el vecindario.
Leído en la entrada “Richard Feynman” de la Wikipedia en español, hoy mismo (2008.09.04).
Versión inglesa, “Richard Feynman”:
According to his colleague, Professor Steven Frautschi, Feynman was the only person in the Altadena region to buy flood insurance after the massive 1978 fire, predicting correctly that the fire’s destruction would lead to land erosion, causing mudslides and flooding. The flood occurred in 1979 after winter rains and destroyed multiple houses in the neighborhood. Feynman’s use of insurance, an inherently future-looking device, was not only fortunate but ironic in light of his depiction of his outlook following the Manhattan Project. Feynman wrote that in the years following the development and use of the atomic bomb, whenever seeing the construction of a bridge or a new building, he was unavoidably struck by the thought that the labor was futile and in vain, as the human race would soon be undone by the bomb.
¿Esto está contrastado?
Porque si Feynman, antes de contratar el seguro, no intentó alertar a sus vecinos (por muy cretinos que le pudieran parecer), se me ocurre que de entusiasmo por la vida tenía poco. En todo caso todo le traía al pairo, salvo su comodidad y las ganas de jugar con la capacidad de computación de la que gozaba.
Aunque no me extrañaría, después de pasar por la situación límite de ser uno de los creadores de la bomba atómica (y a sabiendas). Se me ocurre que el “entusiasmo por la vida” (’enthusiasm for life and spirited adventure’ en la versión inglesa) con el que lo definieron en la wikipedia (porque el señor se autodefiniría así), a lo mejor un día se podría borrar, y en su lugar añadir
su conducta vital le delató como partidario de la eugenesia.
Ya sabéis, porque parecía que actuara como si creyese en la selección natural a lo bestia –y añado de mi cosecha: por la cual toda fragilidad humana se superará a costa de sus virtudes asociadas. Que es una interpretación autorizada por mi partido político, el del puñetero voto en blanco.
Una Nobel que sí me seduce es Doris Lessing, y no precisamente por decir que hombres y mujeres son especies diferentes (ni me lo creo ni me funciona) ni por ser icono de causas con estrategias que no comparto. Me seduce por algunos de sus cuentos chinos poliédricos, que a muchos les cansan. Yo soy sorbida por ellos como agua por los millones de recovecos de una gran esponja.
Como el que Jenny, una mujer estupenda, emancipada y ahora, espero, con más tiempo libre, dejó que me llevara de sus estantes: El cuaderno dorado en la traducción de Helena Valentí. Alguien que no firmó afirmaba que iba sobre ‘the maladjustment of the overeducated modern woman’: a ver, una cosa es ser reduccionista y la otra salir volando por la tangente.
Podeis leer en el enlace un cachito duro, no necesariamente significativo, de El quadern daurat, traducción de Víctor Compta.
A Jenny le mando muchos besos dentro de esta botella y me prometo llamarla para tomar el té en algún sitio verdaderamente pulcro y, si se nos antoja, muy chic.
Añado The golden notebook (1962) a las relecturas pendientes y le hago ping manual al IQ=1000 de JJ, que es por lo que hoy me he parado a postear.






