Domingo de Ramos todavía en el país donde escribo, en Cerdanyola por lo menos. El menú de la derecha procastinado por deberes varios.
Ando algo ocupada con la serie esa de las diez sugerencias del menú bibliotecario. Hay que pensárselas bien. No estoy lo que se dice encallada, pero sí me van a tomar un tiempo.
La revisión de la tercera pende de que termine de leer la Ortodoxia de G.K. Chesterton, versión Altafulla 2000 –podéis probar con una traducción mexicana, que se encuentra en Scribd–, algo que me huele que gustó en el Opus aunque no estoy nada de acuerdo en cómo aplican. Es que si una tiene una duda que peca de humilde, es si políticamente es demócrata o republicana en el sentido clásico del término. Clásico, de período clásico: antes de Cristo, se me entiende. Antes de que se liara parda, o como lo queráis explicar.
Además, las series son algo que me aturulla: no me gusta finiquitarlas porque al ser un texto más extenso el riesgo de equivocarse mucho es mayor, y las rectificaciones cuestan más. Dice Chesterton que si pretendes meterte el cielo en la cabeza corres el peligro de que la cabeza te estalle. Según él, pues, no hay otra aproximación posible que la poética. Veremos dónde se puede llegar con esto. Seguramente, a descubrir que la bonita población de Terrassa existe. Pues vale.
Terrassa existe tal como la jefa instituyó hace unos días. Luis Racionero también existe, y muchos otros como él. Como el del otro día en Terrassa, cuyo discurso es clavadito clavadito. Todavía. Si Amela ha trasladado lo que dijo de una forma fiel, se trata de un espécimen tan evitable como el ideario subyacente (que no prosa, si me apuráis) de Josep Pla. Recorto y pego:
Seis parejas
“La naturaleza incita al hombre a copular y a la mujer a criar”, afirma Racionero, y sigue: “En cuanto la esposa tiene un hijo, el marido pierde toda titularidad y pasa al banquillo”. Paso un rato entretenido leyendo Sobrevivir a un gran amor, seis veces (RBA), memorias de la vida afectiva de Luis Racionero: relata sus seis emparejamientos, salteados de provocativas reflexiones. Abomina de vivir en pareja, aunque me revela haberse enamorado de una mujer (una tal Isabel, a la que dedica este libro) a la que ha renunciado por vivir en lejanas latitudes… Racionero, autor de novelas y ensayos de éxito, se considera afortunado en todo menos en su vida amorosa. No se queje: ha sido intensa.
Luis Racionero, escritor
“Mi madre me hizo machista”
VÍCTOR-M. AMELA - 24/03/2009
Tengo 69 años. Nací en La Seu d´Urgell y vivo en Barcelona. Soy escritor. He vivido en pareja seis veces, y hoy vivo como un ermitaño. Tengo un hijo y una nieta. ¿Política? Soy un liberal inglés, a lo Isaiah Berlin. Soy taoísta, busco armonizarme con la naturaleza
De cuántas mujeres se ha enamorado? De cinco. ¿Con cuántas ha convivido? Con seis.
¿A cuántas dejó? A tres.
¿Cuántas le dejaron? Tres (una no me dejó dejarla, para dejarme luego). ¡Empate!
¿Se siente despechado? La última me dejó tirado una víspera de Navidad: “Lo nuestro no tiene futuro”. ¿Tanto le costaba decírmelo por Reyes? Eso duele. Estuve despechado, sí, pero hoy puedo comentarlo riéndome de mí mismo.
¿Ha vuelto a emparejarse? He tirado la toalla de la convivencia con una mujer. Vivo como un ermitaño. ¡Al fin, he aprendido a estar solo!
“El mayor mal del hombre es no saber estar solo en una habitación”, dijo Pascal. Alguna noche, en la cama, siento añoranza de pareja, y entonces me digo: “¿Acaso querrías tener aquí a Fulanita?”. ¡No! “¿Y a Menganita?”. ¡No! ¡No! Y así me repongo.
¿Y cómo resuelve su pulsión sexual? Como la han resuelto siempre los monjes.
¿La convivencia mata el amor, pues?
Sí. El roce diario desgasta. Te enamoras y buscas convivir: convives y te desenamoras.
¿Y si hoy vuelve a enamorarse, qué? Me sé todo lo que puede pasarme con una mujer, conozco sus patrones de conducta.
Compártalos, si le place.Uno: te hace creer que te las has ligado, cuando es ella la que elige. Dos: te hace creer que fornicas bien, cuando en la cama de una mujer todo hombre es un inválido.
Va bien saberlo… Tres: la mujer te hace sentir culpable por sistema, para poder cobrártelo luego.
¿Es usted machista? Mi madre me hizo así, por desgracia. Las madres hacen machistas a los hijos desde niños, y la mía lo hizo conmigo.
¿Cómo? A mí me gustaba la cocina, pero mi madre me expulsaba: no me enseñó a cocinar, limpiar, lavar, planchar, hacer la cama…
Suena a excusa. Ojalá las madres dejasen de fomentar la inutilidad doméstica de sus niños y dejasen de jactarse de que “mi niño las trae loquitas”…, pero persiste la conspiración femenina para hacer de los hombres unos inútiles.
¿De qué conspiración me habla? La madre programa al niño para ser dependiente de una mujer. ¡La madre prepara a su hijo para la futura nuera! Y el niño, de adulto, obedecerá a la esposa como a una madre.
Alguna responsabilidad tendremos…
Somos manejados por el arte supremo de las mujeres: acabas suplicando hacer lo que la mujer íntimamente deseaba que se hiciese. “Vale, lo haré por ti”, concede entonces ella. Y él queda en deuda. ¡Magistral! Los hombres deberíamos aprender a hacer esto.
¿No sabemos?
El hombre debe feminizarse, adoptar habilidades femeninas. Sería más autosuficiente, emotivo, detallista y mejor cuidador.
¿Y qué debería hacer la mujer?
Encontrar la manera de dar ventaja al hombre. Al ser ellas superiores, sólo si nos diesen ventaja podríamos ser iguales. Si no, la mujer vivirá en un mundo de capados.
¿Capados?
La mujer ha logrado salir de casa para independizarse del varón y para construir su vida, feliz logro. Pero eso ha descolocado al hombre: el triunfo de la mujer ha dejado, pues, un mundo de hombres mutilados. Y agresivos, algunos, por impotencia. ¡Y vivir en ese mundo no es nada agradable para las mujeres! Deberían hallar el modo de ayudarnos a salir adelante, o si no…
¿O si no, qué?
Las mujeres acabarán tratando sólo con mujeres, y clonándose. Y los hombres, mirando fútbol. Y los hijos, malcriados por madres haciéndose perdonar por estar fuera.
¿Cómo deberían educar a sus hijos?
Adiestrándolos a no depender de una mujer cocinera o mujer asistenta, y enseñándoles que amar a una mujer no es poseerla.
¿Ha hecho alguna tontería por amor? ¡Por amor se hacen sólo cosas amables! Por celos y orgullo herido, en cambio, sí se hacen tonterías: yo le disparé a la ventana del poeta Panero por ligar con mi pareja. Quise asustarle, y se asustó y se largó del pueblo. Mi pareja no me lo perdonó y me quemó el original de mi novela Cercamón…
¿Mantiene tratos con sus ex mujeres? Con algunas, sí. Con otras no, por engaños y falsedades imperdonables.
¿Qué cree usted que quiere la mujer de un hombre?
Seguridad, controlarle y quedarse con todo.
Hombre…
Seguridad: busca a un hombre espabilado, con recursos y medios. Control: una vez lo tiene seducido, juega a cambiarle (es su ludopatía). Y por ahí yo no paso: rompo. Y entonces ella quiere quedarse con todo: ya he asumido que mi karma en esta vida es poner pisos a mujeres, dejarlas bien situadas.
Diría que es usted algo más misógino que misántropo.
Día sí y día no. “Mire, las mujeres son para mirarlas de lejos y sólo a algunas, de cerca” me dijo una vez el gran Josep Pla.
¿Cómo debería ser una mujer para interesarle?
Intermitente. Aparecer durante tres semanas y desaparecer durante otras tres.

Tenemos nuevo ratón en la oficina
Resumiendo, sería como decir que mis padres allende los mares me hicieron desafecta a las familias, empezando por las parejas. Si fuera culpa de alguien sería mía, pardiez. El resto sobra pero ahí va: cómo va a saber a qué incita la naturaleza, sobre todo si lo lee en los tratados de astrología del siglo XV y piensa que ya será la mamá –si en esas condiciones la incauta quiere ser mamá, como si todas las aspiraciones de una espécimen xx se redujeran a esto– quien cargue con su hijo. Qué cómodo: yo también quiero un ama de cría al 100% para mis hijos, si nunca tengo. Y va pidiendo “ventaja”. Como para no volverse feminista, y eso que yo, las diferencias, todavía las veo más artificiales e interesadas que reales. Desprográmense solitos, caballeros, pidan ayuda si les conviene que nosotras también la pedimos, y a la cara. Que sólo nos falta tener que hacer de informáticas adivinas para ustedes si ya nos toca hacer nuestros deberes. No sé cómo terminar esta entrada: os vale un ¡hay que ver! [suspiro]?
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